La primera vez que probé las costillas de Poncho & Chel’s me transportó a un patio trasero en medio de Texas. No era cualquier patio; había barriles de cerveza helada y el ukulele se escuchaba de fondo. En medio un árbol gigante que nos protegía del calor y debajo de él una mesa de madera rústica rodeada de hombres con sombrero estilo Texano a punto de devorar un costillar bañado en salsa ahumada. Pasó mucho tiempo de aquel día, de esas costillas suaves y jugosas, de deleitarme con una salsa que te deja los dedos deliciosamente pegajosos hasta que me decidí a probar el menú de este local del Mercado 60 y ese día, sin esperarlo, me di cuenta que hay un rincón texano en el Centro de Mérida que todos deberían de conocer.